Guía impráctica para visitar el Sudeste Asiático

Con países extensos y repletos de pueblos, aldeas, historias y comidas que se tardarían años en explorarse completamente, el Sudeste debe tomarse con paciencia. Esta región que se encuentra entre China e India, es un destino que cada vez más se hace popular, extrañamente familiar para nosotros los latinos y evidentemente popular en muchos blanquitos.

Así que decidí publicar esta guía para todo aquel que decida aventurarse en él. Advertencia: en en esta guía no encontrará como encontrarse a si mismo. No sea bobo.

Precisamente decidí viajar con calma, disfrutando las ciudades y los paisajes a su ritmo, así para algunos estas les parezcan poco interesantes. Es así como pasé cinco meses en el Sudeste Asiático, (dos de ellos especialmente en Tailandia) sin un enorme presupuesto y dispuesto a explorar rincones sin necesariamente recurrir a los típicos 1, 2, 3.

No, no soy millonario; simplemente ahorré durante un muy buen tiempo para tener esta experiencia de viaje. Siendo este tan extenso este recorrido, uno no es inmune a situaciones que tarde o temprano pueden pasar: sí, me robaron la billetera y el celular, se me quemó un computador portátil, me accidenté en una motocicleta y hasta perdí todo mi dinero en efectivo en una noche pesada de fiesta. Sin embargo, todos estos incidentes no terminaron por quebrarme el viaje y por el contrario, me ayudaron a crear esta pequeña – y espero – inútil guía para recorrer esta parte del mundo.

Atardecer en Bagan, Myanmar.

Las condiciones y el periplo.

El Sudeste Asiático es una región comprendida por Myanmar, Tailandia, Laos, Vietnam, Malasia, Singapur, Indonesia y Filipinas, aunque algunos incluyen a Brunei y Timor Oriental. Es una región con un gran crecimiento económico y un crisol de religiones y culturas, destacándose el budismo y el Islam. 

A pesar de tantos rincones, existen lugares que no puede evitar: el complejo de Angkor en Camboya; la pequeña isla de Koh Tao en Tailandia; la antigua ciudad de Bagan en Myanmar; la más que famosa Bali en Indonesia; el paisaje de Ninh Binh, Palawan en Filipinas, las tumbas imperiales en Hue o el verdadero mercado flotante de Can Tho en Vietnam; las Torres Petronas en Malasia o simplemente, la combinación de arquitectura contemporánea, moderna y colonial de la impecable Singapur, que lo mantendrá ocupado recorriendo sus calles. 

Mi viaje en particular lo enfoqué en la parte continental del Sudeste Asiático, luego de recorrer Japón y Corea del Sur. Para llegar hasta aquí, hay cuatro opciones que pueden barajarse: salir por hacia Europa, recomendando principalmente Londres, Ámsterdam, Fráncfort del Meno y Estambul para luego, tomar un vuelo a Bangkok, Singapur o Hong Kong (los principales hub); ir a Los Ángeles en Estados Unidos o embarcarse hasta Ciudad de México y desde ahí llegar a Tokio para luego bajar a cualquier ciudad o aeropuerto principal del sudeste (que fue la que tomé finalmente). La cuarta opción es por Dubai (o algún hub de Medio Oriente). Yo personalmente recomiendo Skyscanner.net como metabuscador.

Moverse por el Sudeste Asiático.

Cada país de la región ha tenido diferentes ritmos de crecimiento y a su vez, de estrategias de movilidad. Esto hace que para moverse, se presenten multiples opciones que varían entre países de forma casi radical. Igual si usted es Latinoamericano, pues parce, no se va a sentir aterrorizado y créame, después de ver a los gringos parados media hora en un andén porque no pueden cruzar una calle full de motos, me sí cuenta que nuestros países son un PhD en resiliencia de la movilidad.

Por bus, diría que es la más tradicional de todas, es la opción reina en países como Myanmar, Camboya o Laos. En Myanmar, debido a las herencias del régimen militar que prohibía el libre desplazamiento en el país (por ende, no se puede rentar un vehículo) o las pésimas condiciones de las líneas de tren, se han vuelto populares para los viajeros los buses nocturnos, que te llevan a los importantes destinos del país. En Vietnam existen los pintorescos buses para dormir, muy diferentes al resto por su disposición similar a camillas. Sin embargo es de considerar que estos buses van a velocidades en extremo lentas y debido a la extensión del país, se ha optado por otros medios, aún a pesar de existir boletos de varios viajes para gastar en cualquier momento. Justamente por esto, en Vietnam se ha popularizado mucho el alquiler o la compra/venta de una motocicleta, algunas por solamente 450 USD que se venden al final del recorrido. El país está literalmente, moviéndose en motocicleta (solamente Ho Chi Minh tiene seis millones) y por eso es fácil obtener una. Existen empresas por ejemplo, que te envían la maleta al lugar de destino y solamente tiene que conducir sin tanto a cuestas: una de las rutas más populares para hacer este recorrido es la famosa Hue – Da Nang – Hoi An en el centro del país.

Además de la motocicleta, también de fácil alcance en Tailandia, existen líneas de tren especialmente famosas por su bajo precio y su constante ritmo: en tercera clase, por ejemplo, el recorrido entre Bangkok y Ayuttaya cuesta solamente 15 bath, unos 1.200 pesos colombianos. El tren conecta muy bien el país y tiene vagones con literas cómodas para dormir en caso de distancias grandes.

Finalmente existe el avión. Aerolíneas de bajo costo están siendo muy populares en la región y pueden llevarte por menos de 100 USD de un país a otro, como Brunei (fácil de acceder desde Filipinas o desde Malasia), Filipinas (un país compuesto de islas donde tomar un avión es relativamente barato) con Cebu Pacific o la gigante Air Asia que conecta prácticamente todo el Sudeste Asiático con el resto del mundo. Incluso, hay aerolíneas grandes como Qatar Airways que hacen pequeños vuelos de escala que resultan muy económicos si se buscan con tiempo.

Es cuestión de comparar precios e informarse muy bien en páginas de internet como TripAdvisor. com y Skyscanner.com, porque no siempre la opción más obvia es la mejor. Por ejemplo, un boleto de avión entre Ho Chi Mihn y Phnom Pehn es muy caro para solamente 4 o 5 horas en bus pero es muy económico para viajar por Vietnam, debido a las largas distancias y el tiempo que se ahorrará.

Singapur, Singapur.

Atrás expectativas. 

Si usted de aquellos que piensan ir al Sudeste Asiático buscando “autenticidad” o esperan llegar y ver ciudades congeladas en el tiempo le cuento que llegó tarde, al menos, a esa idea que tiene de autenticidad. Esta es una región turística por excelencia, al punto que Bangkok es la ciudad más visitada del mundo y en el caso de Myanmar, (un país famoso por ofrecer postales clichés) el turismo se ha incrementado al punto que no se sentirá distante de circuitos mochileros de Sudamérica.

No, no es obligatorio ir a bañar a un elefante, no es obligatorio vivir con monjes dos semanas, ni cultivar arroz en Filipinas. Simplemente olvídese de aquellas ideas preconcebidas y déjese llevar por las urbes y pueblos como son hoy, afectados por la globalización y le aseguro que puede sorprenderse aún más.

Del dinero y otros males necesarios.

El dólar es prácticamente el lenguaje monetario por excelencia y será recibido en todos los países en bancos y casas de cambio autorizadas. Sin embargo, para cada país (y con la excepción de Camboya que convive con la dólar y el riel), cada país requerirá la moneda local para efectuar cualquier compra o trámite. 

El poder adquisitivo también cambia de país en país. Singapur podría considerarse el más caro de la región, aunque Myanmar (cuyo IDH es el más bajo) no queda atrás a la hora de cobrar servicios a extranjeros y donde sucede ese particular comportamiento de aceptar solamente billetes en excelente estado. Vietnam y Tailandia, por otro lado, son económicos a tal punto que en un día gastaba mucho menos de lo que gastaba en un día en Colombia.

Todos los países tienen cajeros automáticos y en su mayoría, aceptan tarjetas débito de las grandes franquicias. El monto máximo por la transacción varía: en Singapur puede retirar hasta 1000 USD por día; en Myanmar redondear a los 500 USD, pero en Camboya solamente podrá hasta 100 USD.

Procesión de San Pedro y San Pablo, Makati, Filipinas.

No se olvide de las ciudades.

En la novela “The Beach” de Alex Garland, los protagonistas no gastan más de dos días en Bangkok. Es irónico que este sea un reflejo fiel del comportamiento de muchos turistas (en gran parte provenientes de Europa, Estados Unidos o Australia), que simplemente pasan de largo en las ciudades de esta región del mundo. Sin embargo, no se deje llevar por los comentarios generalizados en redes y libros: las ciudades también tienen historias que ofrecer, por muy caóticas o “feas” que parezcan. Yangón es una joya colonial en agonía; Ho Chi Minh ofrece rincones de cafés y restaurantes que nunca cierran o Da Nang se muestra como la apuesta vietnamita al futuro, a pesar de pasar desapercibida por aquellos que toman la ruta Hue – Hoi An y solamente la visitan por un par de horas. Incluso hasta Cebú, una ciudad que puede aterrorizar, tiene su redención con el culto al Santo Niño.

Bandar Seri Begawan, Brunei

No siempre un hostal es lo más barato.

El alojamiento siempre será tema de conversación en el Sudeste. En Camboya por ejemplo, conseguirá camas de hostal desde 4 USD en adelante, haciéndolo a uno hasta sentir culpable con tan bajos precios. Sin embargo, no necesariamente un hostal representa la mejor forma opción entre calidad / precio: Vietnam es un país lleno de homestays, casas de locales que han decidido abrir habitaciones a los turistas a bajo precio, obteniendo a cambio cuartos privados con todas las comodidades. Myanmar, debido al hecho que acaba de abrirse al turismo desde hace pocos años, no tiene la infraestructura hotelera de calidad que tienen sus vecinos y muchas veces la única opción son hoteles viejos y caros. Tailandia en el lado opuesto, ofrece hasta resorts a precios que podría costar una cama de hostal en Singapur, unos 20 USD.

Por otro a parte, estamos ante un nuevo escenario de la mano de Internet: Airbnb y Couchsurfing. El primero permite rentar una habitación, casa o apartamento por un buen tiempo y tendrá la independencia necesaria en el viaje: recomiendo tomarlo en grandes ciudades para poder explorar mucho mejor urbes como Hanoi o Bangkok, con más tiempo que los dos días que tomaron los protagonistas de “The Beach” de Alex Garland. En el caso de Couchsurfing hay que tener en cuenta que es un programa gratuito de intercambio de espacios y experiencias con locales, así que sea muy cauteloso ya que se basa en confianza. En Brunei, por ejemplo, fue perfecto. Por eso, dedique tiempo en crear el perfil más completo que pueda, con fotografías, referencias y gustos para que pueda postularse a algún anfitrión.

Bangkok, Tailandia.

Deje espacio a la improvisación

La planificación milimétrica funciona de maravilla en países donde los horarios de trenes, el servicio y hasta los vuelos están coordinados a la perfección; además, de encontrar toda la información necesaria en internet para planificar. Pero seamos honestos, estamos en el Sudeste Asiático que aunque no llega a ser India, no se acerca a Japón.

No todo funciona al ritmo ideal: puede que encuentre retrasos, que vea que los buses no tienen horario fijo, que cuando llegue a una ciudad encontrará actividades diversas por hacer que no estaban en su idea original de viaje o que simplemente conocerá gente que le proponga otras actividades. Justamente la magia radica en el día a día, en armar itinerarios casi que el día anterior con contadas excepciones, como ir a Full Moon Party en Ko Pha Ngan (que ni aún así, amerita planificar con semanas de antelación). Incluso, con los precios de las aerolíneas, pasar de un país a otro puede ser una decisión de pocos días.

Viaje -muy- ligero.

Si bien este consejo aplica a casi todos los destinos, en el Sudeste Asiático no hay nada como viajar con una mochila que no pase de 7 kilos. Existen grandes ventajas: no va a necesitar abrigo en gran parte de su territorio (créame, nadie ha muerto de frío en el norte de Tailandia), la ropa es muy barata en caso que necesite, las lavanderías tienen precios bajos, viajar en aerolíneas lowcost es muy fácil y será aún más desplazarse, incluso en moto, algo que muchas personas hacen. No se complique cargando esas mochilas gigantes que son más estereotipo que utilidad y ármese de lo necesario. 

Ahora bien, si quiere comprar recuerdos para llevar a sus familiares y amigos y no tiene urgencia alguna, puede elegir ponerlos por correo nacional: no es nada caro y aunque pueden durar dos meses, llegarán: ese fue mi caso con Thailand Post, la oficina de correos oficial de Tailandia que incluso tiene oficinas en el gigante mercado de Chatuchak de Bangkok, para que simplemente compre regalos y ahí mismo pueda enviarlos directamente a casa.

Bagan, Myanmar

La increíble comida del Sudeste.

Seguramente más de una vez se ha topado con recetas en restaurantes sobre la comida asiática y aún así, no se llega a profundizar la amplia gama de sabores, colores y texturas que tiene la región. Primero, es de sentirse en casa con la buena cantidad de frutas que poseen, también favorecidos por la zona tórrida y los pisos térmicos. Tailandia por ejemplo, basa su comida en sabores dulces y picantes: tal vez por eso, a muchos no les gusta la cantidad de picante que ponen en sus platos. En mi caso, luego de varias lecciones de cómo tolerar el picante, finalmente hice que un pad thai fuera recurrente en mi viaje, la increíble tom kha kai (una sopa de coco, pollo y limón) o el extraño y delicioso mango stickyrice (arroz pegajoso). Vietnam ofrece la sencilla pero fuerte phó bo (que se pronuncia como “fá”), una sopa de noodles con carne (en caso de pollo, se llamaría phó ga); el bánh mi, un sánduche en pan baguette que refleja la herencia de la ocupación francesa en el país, así como el càphê sữa đá que como su nombre parece indicar, es café con leche condensada y hielo. En Myanmar puede probar el curry, donde tendrá en la mesa varios platos, cada uno individual, de salsas, carnes, huevos o vegetales para mezclar con el arroz; o los deliciosos shan noodles, un plato simple pero delicioso con carne macerada. Malasia también recurre a platos de sabores fuertes y olorosos y creería, la gastronomía malaya es su fuerte turístico … o debería serlo. Platos como el mee rebus, que consta de noodles con tomates y papa que muestra la influencia hindú o el nasi lemak, un arroz con acompañamientos que a la vista le traerá recuerdos de un típico plato casero colombiano.

Lo grandioso de la comida asiática es que puede tener la experiencia gastronómica gourmet en las grandes ciudades a un muy buen precio. Por ejemplo, cerca a la estación Chit Lom, en el centro comercial Gaysorn se encuentra Paste, uno de los mejores restaurantes que he probado en mi vida. Por otra parte, luego de mis caminatas largas buscando cafés en Ho Chi Mihn, termino recomendando The Fig, el central L’Usine (con una original tienda de diseño en su interior) o ID, muy cerca del memorial a Thích Quảng Đức, aquél monje que se inmoló en 1963. En Singapur puede ir a probar el caldo en Song Fa Bak Kut Teh, cerca al Clarke Quay o aprovechar una de las sucursales de la taiwanesa Din Tai Fung

Si no desea entrar a restaurantes, simplemente dése la oportunidad de comer en los mercados públicos locales, donde la comida es de excelente calidad y cuesta prácticamente nada. 

Angkor Wat, Camboya.

Prejuicios, respeto y obediencia.

A pesar de encontrarse con situaciones o comportamientos que le traerán recuerdos de su país de origen, existen obviamente otras a las cuales no estamos acostumbrados fácilmente que ameritan una que otra advertencia. La gran mayoría estos los países son budistas y/o musulmanes (Indonesia de hecho, es el país con mayor población musulmana del mundo) y se enfrentará a paisajes urbanos y rurales adversos a lo acostumbrado: un tatuaje de Buda en su cuerpo es suficiente para ser deportado de Myanmar; una pelea con un tailandés lo puede dejar seriamente herido o burlarse de la familia real puede significar varios años de cárcel. No hablemos de las drogas, que en países como Singapur significan la pena de muerte (aunque aquí hasta mascar chicle o comer en el metro tienen severas multas). Por otra parte, en Camboya y el occidente de Tailandia es usual conseguirse con insectos o arácnidos para comer; en Vietnam puede encontrar thit chó en las calles (que no es otra cosa que carne de perro) o simplemente entender que señalar con el dedo puede llegar a ser insultante en casi todos los países de la región.

Sí, son paisajes que pueden ser chocantes para algunos, pero con el suficiente entendimiento de la tradiciones y las culturas de cada país no deberían significar mayor problema. Recuerde siempre que para muchos extranjeros ver una lechona en la calle o ponerle queso al chocolate puede ser perturbador, así que póngase en los zapatos de los demás. 

Guía original publicada en ElTiempo, 6 de enero 2018.


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