Cierta mañana de un día aparentemente normal y de forma irresponsablemente usual, me he despertado a la hora que se me da la gana a prepararme un café, el narcótico del día. No había caminado mucho cuando el dedo pequeño del pie (aquél apéndice inútil que Dios nos dio para reírse a escondidas) encontró casualmente la pata de una mesa. Ya se imaginarán mis hijueputazos a los cuatro vientos, pretendiendo convencerme que decir groserías alivia el dolor y la verdad, en este país nos toca conformarnos con echar madrazos porque son más efectivos que el Ibuprofeno de las EPS. Recuerdo que después de gritar y maldecir, me senté con calma a revisar las redes sociales y encontré un comentario de algún amigo que pregonaba con sutileza:

“Aquí, sufriendo”.


Confieso que me sentí esperanzado de poder compartir mi dolor porque imaginaba que le había pasado algo similar a mi experiencia. Uno que es guevón y todavía cree en las buenas y poco sarcásticas intenciones de la gente: me equivoqué. Resultó ser otra aburrida fotografía de unas piernas peludas en una playa cualquiera durante sus vacaciones. Muy creativo el título de dicha imagen, nunca lo había leído antes.

Ya que hablamos de las EPS, mi amigo sufre del “síndrome del turista”, una enfermedad tan extraña que no hace sufrir a quien la padece sino a quien la contempla. Sus síntomas son producidos de forma pasiva, invasiva y algo oportunistas sin darse cuenta y pronto terminan contagiando a los demás. Aquél era uno esos síntomas y me encantaría compartir este diagnóstico para que usted, pueda evitar maltratar a sus amigos y familiares.

1. Egotraumatismo espacial.

Este síntoma es el más fácil de detectar ya que prima el ego sobre la maestría humana. Me explico: ¿ha visto alguna vez una foto de perfil en donde su amigo mal afeitado llena el 75% de la imagen dejando el resto para la punta de la Torre Eiffel? He ahí el síntoma. Es además, una problemática constante donde en cada uno de los lugares visitados tienes o tienes que salir atravesado en la foto de lo contrario serás deportado. Caso ejemplar cuando vi a una turista china atravesada en todo el medio de los Campos Elíseos posando con escoliosis para una secuencia infinita de fotos con el Arco del Triunfo atrás. De repente, pasó un carro a alta velocidad y casi, por escasos centímetros deja un hermoso cuerpo en el pavimento. No es taaaaan necesario tomarse siempre la egoselfie para gritarle al mundo que conoció un sitio emblemático; con una buena foto es suficiente para creerle.

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2. Enoclomanía hiperactiva.

Si disfruta aglomerarse con más personas, ponerse un auricular y revivir épocas de primaria donde la profesora lo sacaba de “convivencia” con el salón entero, padece de este síntoma. Confieso que a menos que sea estrictamente necesario, los tours sólo sirven para amontonar personas como borregos formando una masa amorfa guiada por un pañuelo atado a una antena, llegando a estorbar a quienes quieren dedicarle más de tres minutos a una obra en museo. Vi un grupo armado de gorras de safari en la Galería Uffizi de Florencia mientras veía La Anunciación de Leonardo Da Vinci que le pasaron al lado sin detenerse siendo el mismo grupo de turistas que se agolpaban frente al Nacimiento de Venus para tomarse una selfie. ¿Es pagar un tour para decir que fue o para disfrutar que está? ¿Es tomar una foto para tener un trofeo que exhibir en Facebook?

Si lo sufre, tiene que reconocer que ya está grande y tiene pelos donde antes no había, que puede ser independiente y disfrutar sin necesidad de oír retahílas mal traducidas. Eso sí, si se deja llevar en un bus por un político para votar por él, entiendo perfectamente que se encante padecerlo.

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3. Merintopediatría.

Estar amarrado a un niño o la merintopediatría es aquél síntoma manifestado por manchar sus vacaciones con leche materna, dulces y berridos de insoportables niños que no puede controlar. Excepto Disneyland, debería estar prohibido viajar con menores de 3 años de edad puesto que seamos sinceros, cuando sean grandes no se van a acordar de nada. Mientras, sufra el llanto en museos, cagarse en los pañales en medio de la Basílica de San Pedro o pagar cuentas exorbitantes de comidas medio rasguñadas. Recuerdo en el colegio un amigo que fue a Noruega con sus papás y sabía que había ido porque hay un puñado de fotos pero él no se acuerda de nada. ¿Si ven? Un pasaje perdido, padres pendejos.

Este síntoma puede producir ojeras y mal genio o en el peor de los casos, no dejar dormir a 140 personas en un avión. Mi recomendación es que ahorre ese dinero para usarlo cuando él o ella estén grandes (y puedan disfrutar el viaje) y mientras tanto, déjelo en casa con algún familiar. Tendrá paz usted y yo.

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4. Xenofobia gastrointestinal.

Este mal es simple: gastas miles de dólares para viajar a cualquier lugar del mundo; pagas un hotel cinco estrellas con vista al Canal Grande de Venecia; viajas en góndola para tener la experiencia romántica y cuando te da hambre, comes en McDonalds.

Este mal es sólo comparable en términos prácticos a comprar un televisor de alta definición para disfrutar Jersey Shore. Existen turistas cuyo sistema gástrico se atrofia ante la posibilidad de disfrutar un nuevo plato, vivir una experiencia culinaria de origen todo por temores infundados o poco relevantes (a menos que sea una cagadera producida por tacos mexicanos). La xenofobia gastrointestinal puede incluso producir mal humor y terminar ofendiendo a un mesero porque la carne sabe diferente, o peor aún: pelear todo el viaje por una experiencia autóctona y terminar en restaurantes vegetarianos exigiendo cubiertos en un país donde comen con palitos.

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5. Teletransportación mitómana.

Tuve el agudo caso de un amigo que conoció Barcelona, París, Roma y Venecia en 8 días: un fiel cuadro clínico de la teletransportación mitómana o creer que puedes “conocer” medio mundo a toda velocidad. Para estos dolientes, viajar se transforma en un juego de Batalla Naval: eliges siete puntos de una ciudad de 1000 años de antigüedad y corres a toda velocidad para conocerlos todos en ocho horas. Deje que tu viaje sea una experiencia enfocada y vívida, no media hora por lugar en donde no podrás disfrutarlo por estar pendiente de conocer el siguiente, como si urgencia al baño se tratara. Va muy relacionado con el primero de los síntomas (llegar y toma la foto) para salir urgido al siguiente punto.

Passengers remain in their seats onboard Malaysia Airlines Boeing 777-200ER flight MH318 as it cruises towards Beijing over the South China Sea

6. Imagoglaucoma.

La imagoglaucoma se detecta cuando esta más pendiente de la pantalla de la cámara que del sitio que tienes al frente: causa ceguera inmediata al reducir la atención de 360º a sólo cuatro pulgadas de pantalla. El turista sufre una parálisis corporal que lo deja inmóvil en un andén newyorkino mientras es empujado por la aglomeración humana andante que solo quiere llegar a su trabajo. Al final, termina con 37 fotografías idénticas y una profunda amnesia ya que no puede recordar un bello atardecer, la prodigiosa arquitectura de algún edificio o los brochazos de un pintor famoso por estar concentrado en si la foto quedó lo suficientemente bella para salir en Facebook.

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Diagnóstico.

Si sufre cualquiera de estos síntomas, puede estar contagiando a quienes lo rodean: llantos de infantes o 63 fotos de tu cara a cuestas de una amistad. Cuando vaya a un lugar desconocido, déjese arrastrar por el lugar, trate de mimetizarse con él, coma algo nuevo y absorba todo lo que pueda con la calma necesaria para poderlo recordar cuando vuelva.

Por cierto, si va a decir “miren como estoy sufriendo”, espero que venga acompañado de una foto en la comisaría de Policía o internado en la clínica dopado por sufrir cualquiera de los males atrás descritos. Puede que despierte más interés el sufrimiento de un viajero, que un mal sarcasmo de un turista.

2 comentarios en “El síndrome del turista crónico.

  1. Sacar a relucir la curiosidad es una ventaja, con sorpresas inesperadas y maravillosas.
    Recuerdo mucho que estando en París en casi que cada esquina vendían un nosequé de color oscuro y creo que frito, tuve la curiosidad de probar (si lo venden en todo lado no debe ser tan malo, pensé) pero me pudo más la idea de evitarme una diarrea y poder seguir caminando tranquilo en vez de estar, tal vez, metido en un baño pagando por mis antojos, aunque por otro lado, tal vez, pudo haber sido un placer exquisito, no lo se.

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