Supongamos que todo es cierto.

I

Desde hace mucho le he perdido la fe a la humanidad, de hecho, desde hace mucho no tengo fe.

Para mí, la fe es un discurso vacío y facilista para aquellas personas que no pueden desnudar el pensamiento, de aquellos que se sienten atacados en la orilla de la razón, en cuyo borde sólo pueden ser amenazados por el despectivo orden de analizar. En base a la fe creamos dioses de barro los cuales podemos alabar y destruir. Si las palabras fluyen como el agua, entonces las palabras construyen y destruyen dioses.

Desde niños deberían enseñarnos que las personas son para aprovecharse, para sacarles partido, desde lo laboral hasta lo sexual. Por eso siempre nos desenvolvemos en la sociedad de la mentira, donde la hipocresía nos obliga a estimular los más cobardes deseos. Por ende, existe una férrea necesidad de una forma de completar lo miserable que puede llegar a ser la existencia. Es difícil sobrellevar una realidad donde el “éxito” depende de un carro y la necesidad histriónica de tener un apartamento con drywall. Trabajar 340 días al año de sol a sol, rompiéndose la espalda para poder “disfrutar” de la quincena restante y así vivir año tras año, dolor tras dolor sin caer en cuenta que nos rompemos el lomo trabajando para las vacaciones de otro más que se aprovecha de nosotros. Nos despedazamos bolsillo a bolsillo para pagar deudas a desconocidos, a “personas” inexistentes más allá de un papel. Por eso mismo, existen los parásitos sociales, los infelices, la prole. Esa masa de carne que sólo sirve para ser explotada, que no puede revelarse por sus propios medios, que no le interesa el bienestar común, los estándares, los conformistas, los cobardes, los anónimos, los estúpidos marginales educados para accionar una palanca. Los proles existen porque se necesita vender carros de último modelo (obviamente hacer más tráfico, pero recordemos que los proles detestan el bienestar común) y apartamentos repletos de drywall. Los proles se necesitan para que el dinero fluya y aumente su valor pero jamás para que el dinero se quede en sus manos. Los proles existen para que el poder siga existiendo puesto que el poder no existiría si no existiera quien le temiera. Es por eso los proles tienen derecho a tener derechos, para sentirle temor al poder.

El poder se basa en la verdad. En nombre de la verdad han muerto miles en la historia de la humanidad, incluso el mismo Jesús fue juzgado en nombre de la verdad. Para que una verdad sea cierta, sólo se necesita creer en ella. No importa si la lógica desafíe sus parámetros, no importa si la razón pueda oponerse: la misma razón puede ser cambiada al antojo de quien quiera verla. Saber la verdad es la fe de la cotidianeidad, poseer la verdad es tener poder. Por eso, los proles sienten hambre de verdad ajena ya que su propia certeza es demasiado miserable para ser examinada. Los proles añoran poder, de donde sea.

II

En el viejo bar una lámpara roída por la suciedad colgaba del techo. Ahí estaba un sujeto de camisa azul hecha en Vietnam, un jean “de marca” y zapatos chillones, los del color más brillante que existía en la tienda al momento de comprarlos. Sus codos reposaban en la mesa desgastada por los codos de otros más que habían estado ahí esperando putas en años distantes, cuando la avenida que pasaba al frente era sinónimo de prosperidad y postguerra.

No pasó mucho tiempo cuando entra otra persona al viejo bar. Un sujeto extraño que siempre vestía de negro y frecuentaba el lugar sólo para destruir el tiempo, al que poco le importaba si eran las 5:00 o las 12:00. Su cara siempre lucía el viejo velo del asco, de la degradación humana ante la presencia del otro sujeto, la asquerosidad arrogante a veces es más sincera que la misma verdad.

—  Supongamos que todo es cierto, —decía el recién llegado—. No importa que sea verdad o mentira, eso depende de los oídos de los demás. ¿Qué ganas con eso?

Importante acotación, ¿qué gana el chismoso? Nada, absolutamente nada. El murmullo no es más que un cadáver de consolación, es demasiado impuro para ser un premio. El chismoso no es auténtico, por eso tiene la necesidad de traficar con la intimidad de los demás ya que la propia intimidad está demasiado degradada para ser auténtica. El cotilleo sirve para purificar la existencia miserable sin recurrir a una purga. En una sociedad donde la información fluye fácilmente, el divulgar un secreto es la realización paupérrima del ser, puesto que estimula lazos fraternales con otro sujeto en similares condiciones. Es una forma plausible de autoproclamarse dios de barro.

El sujeto de negro volvió a hablar.

—   Simplemente te usé en el momento, recuérdalo. Tu mejor mérito en la vida es ser un cóctel de buena genética. ¿Ves la mesera aquella? Sólo me sirve para traerme vodka. ¿Crees que me importa si tiene cuatro o seis hijos? ¿A ti te importa acaso?

—   No. — respondió el sujeto de la camisa azul mientras balanceaba su teléfono sobre la mesa.

—   Exactamente. A nadie le importa. No la conoces, así que no es importante presumir de ella en tu círculo de “amigos”. Podría morir mañana y estaría seguro que un perro atropellado en la calle me despierta más compasión. Diría lo mismo de ti. Yo sé que soy un vanidoso, narcisista y frívolo; cuando nos masturbábamos por cámara en realidad ambos mirábamos la misma persona, eyaculaba viéndome en la pantalla.

El sujeto de azul balanceaba su teléfono en la mesa mientras el vodka estaba apenas empezado. Giró su cabeza y percibió por la ventana la densa lluvia que caía inclemente en aquella andina ciudad. Se mordía los labios, tenía deseo por aquella lengua anarquista que había probado varias veces con anterioridad.

—   Hasta donde recuerdo, mis fotografías son tu mejor satisfacción. Mi satisfacción es diferente, proviene de tu adulación, es mi forma de divertirme, de que seas mi mesero. Es mi deber decirte que no quería despertarte ningún placer sexual con ellas: exhibirme es mi decisión y por ende, el placer es mío. Sé que te jactas de tenerlas con los demás, de hecho por eso estamos aquí. Dirás que confié mucho en ti.

—   Sí.

En el rostro del sujeto de azul se dibujó una sonrisa de crayón gris. Dejó de balancear su desvencijado teléfono, igual de carcomido como la mesa del bar.

—   Veo que sigues desempleado. ¿Recuerdas cuando me dijiste que revisara tu hoja de vida por si tenía errores?

—   Si, respondió el sujeto de camisa azul.

—   Bueno, había corregido algunas cosas. En tu experiencia laboral puse que nos hemos acostado 7 veces en los últimos dos meses. Ya que para ti es meritorio divulgar que has tenido sexo conmigo, supuse que tu futuro jefe debía saberlo también. Qué bueno es saber que confías en mí, imprimiste docenas sin ni siquiera revisarlas.

El sujeto de negro se levantaba de la mesa y se ponía su pesado abrigo negro para protegerse del frío.

—   Supongo que ahí tienes la respuesta de porqué nadie te llama y sigues desempleado.

Pagó la cuenta, se marchó del bar. Mientras tanto el sujeto de camisa azul quedó vomitándose su existencia con los gestos de su rostro.

Logró tener el derecho de sentir rabia.

Había nacido un prole.

2 comentarios en “Supongamos que todo es cierto.

  1. En ese orden de ideas usted es un prole, narcisista, frívolo y vanidoso, desempleado, con una miserable y pútrida existencia ¿cierto?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s