De la depilación de güevos y otros demonios.

Recuerdo esa noche de bar como si fuera ayer.

Mientras me tomaba una cerveza, de esas envidiosas que el sueldo puede proveer, en la mesa de atrás estaban tres señoritas, de esas que se enmorcillan el pantalón y tienen como joyería el primer cobre retorcido  que vieron en una feria hipster.

—    “Mira que el tipo, estaba hasta pinta”.

—    “Pero igual, que ceba. ¿En serio estudiaba ahí?”, decía la rubia de raíces color lenteja.

Yo bebía un sorbo y ojeaba Twitter, como si de adicciones se trataba.

—    “No se Pati, ni siquiera le tantié la mercancía. Mira: se viste bien, uñas lindas, dientes lindos pero lástima en serio esos gusticos.”

Meh.

Perras.

Soy hombre y existe una regla general en esto de tener huevos: si te cuidas las uñas, te cuidas los huevos. Las mujeres hoy en día no valoran el extremo en que un hombre puede llegar por el polvo de su vida, y de paso, el amor de su vida. En estos tiempos, el metrosexual está presente en cada gota de crema que nos aplicamos, cada uña que cortamos y limamos, en cada prenda hipster que compramos, e incluso, en cada lavado de cara.

Estamos claros que el hombre de hoy en día es muy diferente al de hace 20 años. Ya no usamos calzoncillos de tanga, no queremos tener cadenas de oro colgando en nuestros viriles pechos y sobre todo, no queremos un frente de las FARC en nuestra entrepierna, lo cual nos lleva a la gran pregunta: ¿será que las mujeres (y algunos gays old-style) no consideran que los hombres no se depilan los güevos?

Verán queridos lectores, depilarse las bolas es lo más parecido a bañar un gato: se mueve mucho,  puede resbalarse fácilmente y le tiene pánico al agua fría. Las mujeres de hoy en día tienen los 1001 productos y lugares diferentes para hacer de su selva una hermosa tundra, pero ¿nosotros qué? ¡También queremos unos genitales libres de fricción! Sepan que, queridas mujeres, que el genital masculino (llámelo como lo llame) tiende a ser en extremo sensible, analicemos a fondo.

Un spa o peluquería. Esta es su más concurrente opción y las felicito. Normalmente en estos sitios ofrecen el “bikini”, esa depilación genital que es llevada a cabo por una trabajadora del lugar: ¿se imaginan que yo, Dan Gamboa llegue a un spa pidiendo “bikini”? Si es por esto de “acompañamiento de género” la cosa es peor, ustedes se acompañan al baño, hasta sincronizan sus mensualidades pero nosotros qué, ¿creen que un hombre se va a dejar depilar de otro? Jamás, por muy Juan Gabriel que sea.

Esto nos lleva al otro punto, las erecciones. Verán, estos veranos últimamente no han sido llevaderos para ninguno de nosotros, literalmente he olvidado las enormes posibilidades de dejar un embarazo en el transporte público a causa de un roce. En esto de depilarse es posible que, con el más mínimo toque ajeno tengamos izada de bandera.

Finalmente la sensibilidad. En esto no me detendré. Simplemente imaginen una severa cortada en el escroto, esa telita delicada que tenemos. ¿Irónico no? El pedazo de piel más delicado y cuidadoso del hombre está en los güevos … cuando me digan “¡tenga güevos!” sabré que debo ser más delicadito.

Por eso mujeres, hemos tomado esto con mano propia. He pasado por varias herramientas y he llegado a la conclusión que esto es cuestión de cuchilla de afeitar, lo rudimentario pero eficaz. ¿Cera? Ni a palo, no queremos quemarnos las bolas. ¿Láser? No quiero quedar estéril o con quemaduras dignas de Destino Final 5. ¿Trimmer? Es algo suicida, un movimiento en falso y quedas con una serruchada segura. Si, la cuchilla es lo mejor ya que se mueve según la curvatura de tus bolas. Ahora imaginen las más de 500 opciones de agarre que se deben generar para dejar la superficie pavimentada y agreguen el tiempo que nos gastamos en esta loable empresa. Si creen que pensamos en sexo cada 10 segundos, créanme que invertimos 8 de esos 10 en trabajar para mejorarlo.

Dicen que el cómic es el octavo arte, yo diría que es la depilación genital masculina. Así que mujeres del mundo: si van a una cita a ciegas con alguien, piensen en cuánto tiempo han gastado en depilarse los güevos. Eso si, si a la hora de la verdad te sale una sorpresa afro en la entrepierna, entrégalo a la policía o a la depiladora con cera de su confianza.

Ella sabrá que hacer.

14 comentarios en “De la depilación de güevos y otros demonios.

    • ¿Has leído las instrucciones? No se puede poner en el escroto ni en mucosas. Cuidado, puedes estarte creando un daño irreparable en tu piel. De nada.

      • mmm, hay unas cremas que queman (curiosamente son para las mujeres… jah, dizque sexo débil), pero el otro día conseguí en USA una crema depilatoria para hombres llamada NAIR, apócope de No Hair, que me funcionó a las mil maravillas

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