En la segunda guerra mundial, un grupo de soldados estadounidenses subía el Suribachi con el gran esfuerzo de conquistar con su sudor y sangre un lugar desconocido. Estos jóvenes arriesgaron prácticamente su vida por defender aquella conformación llamada patria. Mientras tanto en una tarde calurosa nicaragüense, mientras caminaba por la Plaza de la Revolución, me encontré a estos jóvenes que luchaban a sudor y sol el aportar un grano de arena por su patria, por su sueldo, por su herencia.

La patria es aquel territorio indefinido que cabe en nuestra conciencia desde que nacemos, nuestro amor abnegado por la herencia intangible de aquello que no elegimos y que algunos tenemos que llevar a cuestas. Se nos dice desde pequeños que es esencial que tengas que trabajar por tu patria, así tu patria se lo merezca o no. Nadie elige su patria, es cierto, mas sin embargo el ser de un país u otro nos condiciona de manera increíble, al extremo de estereotiparnos y formar en ti una fachada con cualidades y defectos, que tal vez, ni eres. Desde que naces, naces con un pasado.

Para muchos, patria es la definición de aquello por lo cual hay que defender ciegamente, ya que es nuestra historia y legado; para unos pocos, muy pocos, patria es simplemente una condición de la cual no es imprescindible, ya que no les importa defender un estereotipo, sino que tienen toda la actitud para cambiarlo.

Por ende, los grandes forjadores de la patria no son aquellas personas que defienden su falsa integridad hasta la muerte, sino aquellas personas que quieren cambiarla hasta donde su imaginación y fuerza tenga límites. Son justamente aquellos que no se imaginan que la patria es un territorio, sino una conglomeración de estados individuales forjados dentro de sus habitantes: esas personas que son capaces de forjar una mejor imagen de país, sin tener que pisotear a los vecinos. Como diría Benito Júarez, el “respeto mutuo”.

De hecho, los grandes forjadores de la patria fueron personas que en vez de excluir a los demás; reconocieron y aprendieron las mejores cualidades y fortalezas de las personas foráneas que lo rodean. Las buenas patrias nacen de un súmmum de culturas, voces, experiencias e ideas.

Esos son los ciudadanos del mundo.

Esos son los que verdaderamente definen la palabra patria.

Un comentario en “Alzando la patria en Iwo Jima

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