Al comienzo me dio risa, pero luego lo analicé, asimilándolo por las circunstancias del autor, no por el significado de la frase. El 8 de abril del 2008, estando navegando en foros de estudiantes de arquitectura por Internet, me encontré con una peculiar frase, un topic que decia así: Why do so many of the modern buildings, from the 1950’s to the present, look like the same re-hash of angles and planes? El punto es directo, ¿Estamos haciendo lo mismo sin querer?, ¿Por qué la vanguardia no fragua, sino hasta que es corrompida en cierto grado? Creo que la respuesta es simple.

Cuando la torre Eiffel estaba en cuestionamiento acerca de cual debía ser su futuro, fue salvada ya que esta misma conjugaba los parámetros suficientes para declararse símbolo, esto pues lográndolo al poseer en si misma ingredientes que vinculaban fácilmente su diseño con exitosos hitos del pasado. A pesar que la torre en si era grotesca y algo bizarra, y que para los parisinos representaba una decadente mole de hierro, al verla transmitía la emoción de una Paris en desarrollo, un revolución industrial que levantó vuelo en Europa, o también una montaña, la más alta del momento, coronada por el tricolor francés como símbolo del triunfo de la revolución en suelos monárquicos. Y eso que era fea, pero como reza el dicho, la suerte de la fea, la bonita la desea y fue así como esta torre es ahora el símbolo de toda una nación. Así, pues, todo diseño exitoso vincula rasgos o cicatrices de recuerdos, que el espectador o visitante, enlaza inconscientemente con pasados y así nacen vínculos de fraternidad entrañable con él.

Para continuar, hablemos de un caso en especial. El cubismo nace en el siglo XX, como una corriente de vanguardia donde el artista interpreta el objeto y lo transmite como lo es entendido, no como en realidad es. Fue, pues el primer paso hacia la extralimitación cultural. Mientras, el mundo de la arquitectura asimilaba estas corrientes, dando matices a sus obras, naciendo de ellas grandes maestros como Le Corbusier, Alvar Aalto, Mies Van Der Rohe y Richard Neutra. Estos, asimilaron las funciones del momento y redactaron materia en función a lo pensado, creando obras que son tesoros de los libros especializados. Tomaron una acción personal y lo transmutaron al plural. Pero, sucedió pues, que su respuesta fue nuevamente transmutada al singular por otros diseñadores, degenerándose en remedos de los paradigmas originales. No fue, por tratar de estipular el diseño arquitectónico como un libro de recetas, o como una secuencia semejante al proceso industrial, sino porque Mies o Le Corbusier solo hay uno, y su lenguaje personal iba acompañado de un trasfondo único, imposible de copiar.

Entonces, ¿lo nuevo no existe?…Posiblemente. La religión más grande del mundo no sigue los parámetros de su fundador, y se le perdona, porque para dar a conocer al mismo fundador, tocó a fuerza reciclar viejas tradiciones y estratagemas para sobrevivir. Entonces, no podemos criticarle a Mies, su herencia clásica en sus edificios, ¿Cómo hacerlo, si es lo trasciende en él lo que habla, no su consciente?

San José de Cúcuta, abril del 2008

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